domingo, noviembre 08, 2009
Día 3

Hacia cinco años que no pisaba Barcelona, viví en el Bº Gótico y en la Rambla del Poble Nou. Me resultó muy emotivo volver a pasear sus calles y rematar tareas pendientes...
Tras la tormenta eléctrica de U2 llegó Pablo.

Picasso
Retrato deCarlos Casagemas, 1899 ~ 1900
Óleo sobre tela
Museu Picasso, Barcelona
Donado por Pablo Picasso en 1970
Retrato deCarlos Casagemas, 1899 ~ 1900
Óleo sobre tela
Museu Picasso, Barcelona
Donado por Pablo Picasso en 1970
~Siempre hay una Historia
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sábado, noviembre 07, 2009
Mis Relatos Semanales
TINTERO VIRTUAL CDXII - VERDADES CIENTIFICAS

El día comenzaba mal, una caca de perro se puso en mi camino, no hacía falta ser veterinario -yo no lo soy-, para saber, por sus características y tamaño, que aquello pertenecía a mi afable vecino Walter, un perro labrador. Volví a casa y me cambié de zapatos, tenía dos entrevistas de trabajo.
Tengo cuarenta años y todavía sigo contando las baldosas de la calle, sumo los adoquines por un lado y por otro los bordillos de las aceras, resto sus resultados y los elevo a tantas potencias como papeleras me encuentro. Y mientras espero en una sala larga y estrecha van entrando otros como yo. Y me enredo imaginando el crecimiento de un árbol siguiendo la sucesión que nos mostró Fibonacci, primero un tronco, después una rama que se divide en dos ramas de las cuales cada una se divide en tres más pequeñas y.... Comienzo a hablar de mi, no estoy acostumbrado a estos lances, fui número uno de mi promoción, licenciado en matemáticas, doctorado en estadística. La jodida crisis se nos ha llevado por delante. Formaba parte del equipo de investigación de una prestigiosa multinacional, el primer recorte nos ha pillado desprevenidos, jamás lo hubiera imaginado...
Salgo de la entrevista con la sensación de salir de la consulta de un psicoanalista y los números Fibonacci que allí esperan su turno me miran como intentando descubrir alguna emoción en mi rostro, como si saliera de follarme a una puta, pues no pienso contarles nada.
He decidido caminar sin prisas, no ir a la siguiente entrevista de trabajo, comprar sushi en el mercadito de Antón Martínez y comérmelo en el Retiro.
Me entretengo mirando las portadas de los libros que la gente lee o lleva en sus manos, algunas son cuadros famosos, obras de arte, estallidos de colores que se disparan en mi mente como fabulosos prismas, magníficos caleidoscopios, fractales maravillosos. Vuelvo a casa y leo poesía, es lo único que me abstrae de mis pensamientos lógicos, es lo único que consigue desactivar mi parte analítica y matemática.
Recuerdo una noche en que mi mujer parecía estar teniendo un orgasmo y yo la sentí divina, tan divina como el número áureo y le hablé de la razón áurea, del misticismo, y de Fidias... Al día siguiente me abandonó.
Debo ser un tipo aburrido.
– ecumedesjours –
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viernes, noviembre 06, 2009
jueves, noviembre 05, 2009
Petite mort...
.............. perder la conciencia
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domingo, noviembre 01, 2009
Mis Relatos Semanales
Dicen que el tiempo existe, los hombres se empeñaron en atraparlo y no lo consiguieron, hasta que alguien, un día, se engañó a sí mismo y a toda la Humanidad inventando los medidores del tiempo. ¿De qué me sirve a mi, que he bebido de las aguas del río secreto que purifica de la muerte a los hombres, medir el tiempo? Contar las horas y los días, los meses, los años y los siglos...
Mi abuelo fue un gran sabio griego y mi padre mucho más, yo tenía que superar a los dos y la vida de un hombre, entonces, me parecía demasiado breve para conocer el mundo y así me lo confirmó el destino llevándose a mi padre mientras dormía dulcemente cuando sólo tenía cuarenta y cinco años. Mi abuelo murió poco después que mi padre; es cierto que el dolor más grande de un hombre es perder a su hijo amado, por eso yo decidí no tener descendencia o no saber que la tengo...
Cuando murió el abuelo pensé en vender las propiedades, quedarme sólo con su casa grande, su fabulosa biblioteca y partir a descubrir más cosas de otras civilizaciones. Después soñaría con Alejandría, conocer a fondo el desarrollo de las fórmulas de Pitágoras, la astronomía de Tales de Mileto. Soy contemporáneo de Alejandro Magno; siendo muy niño, caminaba de la mano del abuelo hacía el mercado para comprar los mejores papiros dónde escribir los discursos del senado en casa de su amigo Achilles, allí se abrazó a Aristóteles y me lo presentó, yo sabía que aquél hombre era una especie de Dios, venía de Pella camino a Grecia. Había terminado de instruir al hijo del rey de Macedonia y a sus generales. Yo tenía cinco años y los imaginaba a todos en carros dorados envueltos en rollos de papiros, pergaminos y espadas. Doce años después me cruzaría con Alejandro, murió la misma primavera que el abuelo, una vez hube arreglado las ventas partí, y en el camino me topé con el séquito funerario del joven Rey que venía de Babilonia. Me quedé clavado en el suelo y no me despegué hasta dejar de ver el último punto del precioso catafalco donde viajaba el cadáver de Alejandro Magno. Yo tenía dieciocho años y el secreto de la vida eterna. Lo encontré bajo la almohada del abuelo, en una pequeña caja vieja y arañada donde guardaba celosamente un pergamino que no tenía más trazos ni explicaciones que el dibujo de una ruta que parecía terminar en un río cuyas aguas otorgaban la vida eterna. Y yo tenía que descubrirlo; con dieciocho años, huérfano de sabios tutores me encontraba con un tesoro inaudito que nadie me iba impedir descubrir. Y así fue cómo me apiadé del grandioso Alejandro Magno que ya no podría beber más aguas que las del río Letheo.
Y pasé varios siglos rodando por el mundo hasta recorrer cada resquicio y cuando ya no encontré nuevos lugares decidí volver junto a los míos, al lado de los Inmortales que yacían sumidos en el tedio de su eternidad en las grutas escarpadas del cañón oculto por las rocas y la niebla. Me llevaban ventaja, ya habían recorrido el mundo, ya lo habían hecho todo y no me lo contaban porque sabían que la experiencia, con más razón todavía en la eternidad, debía experimentarse por uno mismo. Al volver con ellos y mirarles a los ojos entendí que no hablaban no porque hubieran olvidado las palabras sino, sencillamente, porque no les daba la gana. Pasé varios siglos comiendo serpientes junto a ellos, pero decidí abandonarles a su suerte y dedicarme a observar el mundo desde lo alto.
Soy un ojo de Dios, pertenezco a un sofisticado experimento financiado por mí mismo y vivo en los primeros ciento veinte metros cuadrados habitables que existen flotando y orbitando en el sistema solar.
Año 2009 de nuestro Señor, por cierto nací antes que él. Han pasado dos mil trescientos catorce años y, por fin, me decido a escribir un diario en el que ya conozco el final puesto que por mucho tiempo que vivamos no descubriremos más sentido del conocido pero sí podremos gozar de los lentos y maravillosos avances que consigamos alejándonos del tedio.
- A Borges y a los siete sabios de Grecia -
[clochard, 3ro.]
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miércoles, octubre 28, 2009
sábado, octubre 24, 2009
Y no estás tú....
Una imagen, un instante, un olor, una canción. Un gesto al darme la vuelta y mirar atrás; más tarde, la forma de meter la tercera al acelerar volvió a recordarme a ti. Marcaste un punto en mi vida, como un punto de restauración en mi sistema operativo, ese punto marca mi vida en un antes y un después.
Y ahora estoy aquí sentada en un viejo coche prestado, fumando y mirando al mar y no estás tú, no sé qué aventuras correré sin ti.....
Una historia más de cadillacs solitarios....
Y ahora estoy aquí sentada en un viejo coche prestado, fumando y mirando al mar y no estás tú, no sé qué aventuras correré sin ti.....
Una historia más de cadillacs solitarios....
Siempre quise ir a L.A.
dejar un día esta ciudad.
Cruzar el mar en tu compañía.
Pero ya hace tiempo que me has dejado,
y probablemente me habrás olvidado.
No sé que aventuras correré sin ti.
Y ahora estoy aquí sentado
en un viejo Cadillac de segunda mano
junto al Mervellé, a mis pies mi ciudad
y hace un momento que me ha dejado,
aquí en la ladera del Tibidabo,
la última rubia que vino a probar
el asiento de atrás.
Quizás el "martini" me ha hecho recordar
nena, ¨por qué no volviste a llamar?
Creí que podía olvidarte sin más
y aún a ratos, ya ves.
Y al irse la rubia me he sentido extraño,
me he quedado solo, fumando un cigarro,
quizás he pensado, nostalgia de ti
y desde esta curva donde estoy parado
me he sorprendido mirando a tu barrio,
y me han atrapado luces de ciudad.
El amanecer me sorprenderá
dormido, borracho en el Cadillac,
junto a las palmeras luce solitario
y dice la gente que ahora eres formal
y yo aquí borracho en el Cadillac
bajo las palmeras luce solitario.
Y no estás tú,
nenaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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lunes, octubre 19, 2009
domingo, octubre 18, 2009
Mis Relatos Semanales
TINTERO VIRTUAL CDXI – "El Presidente"

Lucien Clergue
360º – Día 2
Un día más de octubre en que el cielo y el sol invitaban de buena mañana a irse a la playa y es lo que hice en cuanto terminé de comer con mi hija antes de que volviera a su trabajo. En la playa de Corinto no hace falta el bañador y siempre llevo una toalla en el coche. En cuanto crucé las dunas que me abrían la explanada de piedra y arena frente al mar, la vi en la misma zona que había estado el día anterior. Pasé por delante de ella mientras buscaba un hueco para situarme y la saludé con un “Hola” y una sonrisa, sorprendida, me devolvió el saludo. Llegué paseando al final de la playa marcado por la Gola de Almenara y di la vuelta ya sin ropas con la toalla al hombro. Frente a ella le pregunté si le importaba que me pusiera a su lado; liaba un cigarrillo y me dijo sonriendo: “Eres libre, estamos en la playa”, señalando con un brazo extendido la amplia y solitaria extensión. Mientras yo elogiaba su habilidad liando el tabaco, hizo un gesto rápido para lamer la goma del papel, cerró la punta y ofreciéndomelo dijo: “Esto no es un cigarrillo, es un porro, ¿quieres?”, de pronto recordé el aroma de mi juventud en el lycée, las movidas estudiantiles en abril, mayo, junio,... del 68. Le hablé de mi vida en Montpellier, de mis años de trabajo en España, en Madrid y Valencia. De mi pasión por el mar. Ella me habló de su trabajo, de su necesidad de mar, me sorprendió con su conocimiento por Boris Vian y le recomendé una obra de Teatro que estaba en cartelera en Francia. Hablamos de Baudelaire y me mostró uno de los libros que estaba leyendo de André Breton. Todo era natural y espontáneo, la charla fluía de un punto a otro, de Sorolla a los expresionistas, de Nelié Jacquemart y de París, del languedoc a la expulsión de los judíos y los árabes, de la destrucción de vestigios históricos, del patrimonio nacional, del expolio, del elginismo, de los precios ya igualados en ambos países, de la diferencia abismal entre el salario mínimo de un francés y un español, de la emigración, de la injusticia social, del montaje económico, de su divorcio y del mío, de su hijo y de mi hija que vivía en España y era la excusa perfecta para venir con frecuencia. Se expresaba con fuerza y claramente, conozco bien el español pero ella parecía hablarme en francés, como un libro abierto a la par que gesticulaba descubriendo páginas y páginas, sus pechos eran preciosos, bronceados e irreverentes, como ella. Su mirada se hundía en el azul de mis ojos mientras me hablaba; yo la miraba. Miraba cómo movía sus manos y brazos, cómo abría la boca y cómo sus ojos miraban intensamente a los míos. La miraba y fumaba, un cigarrillo tras otro pues todos duraban un suspiro, aceptó uno de mis cigarros pero no me dio tiempo a encendérselo y entonces hablamos de nuestros presidentes y ella dijo con tristeza que no podía enorgullecerse de ninguno de los hombres que habían presidido su país, y con una mueca triste e irónica añadió: “mi país, mi nación...lo que sea este Estado, no me importaría abandonarlo”. Zanjamos el tema político cuando le dije que España no debía haber expulsado ni a los árabes ni a los judíos. Y entonces me habló de la imaginación de los primeros, del sistema de regadío que implantaron trayendo el agua con acequias, un increíble tramado de autovías repletas de agua con pequeñas puertas y compuertas para ir anegando todos los campos por donde pasaban y necesitasen de sus aguas.
Intempestivamente sucedió la despedida, ella no quiso bañarse, yo si y cuando salí del agua ya estaba vistiéndose, y mientras lo hacía me dijo su nombre y sin darme cuenta estaba caminando a su lado vistiéndome por el camino. Nos detuvimos al llegar a su coche, le pregunté si volvería mañana y mirando al mar, aspirándolo, inspirándolo y volviéndose a llenar de la sal en el aire una y otra vez, dijo que cada día que dejaba la playa pensaba que sería el último del año, dejaba la decisión en manos del otoño que ya no debía tardar en imponerse. Me dio dos besos, le di un tercero buscando su boca y volví a encontrarme con su mejilla. Cada uno tomó una dirección.
Volví mareado, mezcla de fascinación rosada por sus pezones y por la increíble cantidad de temas que habían surgido en menos de dos horas. Me dormí con sus ojos clavados en los míos, hipnotizado por el porro, pensando en retrasar un día más mi regreso a Montpellier, y mientras dormía sonaba la radio augurando para el día siguiente lluvias en Levante.
– Pour Yves – ecumedesjours, 2º
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sábado, octubre 17, 2009
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