viernes, septiembre 18, 2009

Please.... send me someone to love....





Hace muchos años, más de veinte, un documental en televisión sobre la tortuga macho George me impactó. (Con las nuevas normas de costas genéricas... ¿debería referirme a George como tortugo?). En el reportaje mostraban un ejemplar único en todo el mundo ya que desde 1960 se consideraba extinguida la subespecie Abingdoni. El macho, al atardecer, cuando el sol se ocultaba y mostraba a la noche, la tortuga detenía su lento avance, estiraba el cuello y emitía chillidos que sonaban lastimeros rozando la desesperación de la auténtica soledad o así lo sentí yo hasta el punto de que cada vez que entro en celo, que mi instinto de apareamiento explota, cada vez que anhelo enamorarme me acuerdo de George, a veces podría bramar como él estirando todos mis músculos e instintos hacia la Luna. George es joven todavía, sólo tiene 90 años y cien kilos de peso, sus cuidadores no han perdido las esperanzas de encontrar a su única hembra.

Parece ser que George tampoco se conforma con sucedáneos de su especie...