miércoles, mayo 23, 2007

Mis Relatos Semanales


EL RINCÓN DE SHEREZADE
Los Cuentos de las Mil y Una palabras XXXIV
"Círculo Rojo"



John Singer Sargent
William Butler Yeats, 1908
Lápiz
Colección Privada
[Wiliam Butler Yeats, poeta y dramaturgo irlandés, 1865-1939, obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1923]


"El círculo Rojo"

La tarde pintaba de rojos y morados el cielo del final de un otoño que traía ya el frío de un próximo invierno. Julia estaba en el jardín podando sus rosas para la siguiente cosecha cuando se sintió observada, al darse la vuelta se encontró con la mirada de un joven apuesto, muy atractivo, que le hizo un gesto de acercamiento como si algo fuera a preguntarle. Se acercó a la verja y le preguntó si buscaba a alguien, el joven asintió y le dijo.

– Tengo hambre

Julia lo miró y se dio cuenta de su rostro cadavérico, de sus bellas facciones y su ropa cara ya ajada. Sin saber cómo, se encontró abriendo las puertas de su casa al desconocido y preparándole unos canapés y un vaso de vino.

– Mi nombre es Samuel – le dijo en cuanto engulló y bebió –

La anfitriona se sintió conmovida por la delgadez de aquella belleza que miraba a su alrededor los objetos de arte que rodeaban a la mujer soltera y madura que no llegó a casarse porque su amor nunca fue correspondido.

– Es increíble, tiene usted un Tintoretto, y parece auténtico...

– Y lo es, el de su derecha es de su hija, la Tintoretta, murió joven, de parto. Solía acompañar a su padre vestida de hombre, fue invitada a la corte española para pintar retratos y su padre le rogó que se quedara a su lado y la casó con un vecino acomodado que, sin saberlo, fue quién sesgó su futuro.

– Si, conozco la historia.

– ¿Eres artista?

– No, soy un sinvergüenza, estafador y ladrón.

– Vaya, ¿estoy en peligro?

– No.

El joven le contó que estaba casado, que tenía dos hijos y debía marcharse, ella le dio un billete de veinte doblezones y él no dudó en tomarlos.

Julia se durmió con la imagen inquietante del joven y soñó que las pinturas del padre y la hija hablaban entre ellas. Al día siguiente se fue a la ciudad a comprar víveres para el fin de semana y unos zapatos para la fiesta del sábado a la que había sido invitada como adorno de las amistades y vecinos del valle residencial donde vivía. Al volver a casa buscaba con su mirada por los alrededores esperando encontrar al bello joven. Cuando ya estaba preparada para irse a la cama con un libro llamaron a la puerta, allí estaba el muchacho con su joven esposa y dos niños pequeños de cada mano. Ella todavía era más pálida, bella y delgada que él. Se sintió molesta, era muy tarde y estaba cansada, les dio otro billete de treinta y les pidió que se marcharan, al cerrar la puerta oyó un golpe seco, miró por la mirilla de la puerta y vio que la chica se había desmayado, no podía dejarles allí, así que abrió y la acomodaron en la habitación de la asistenta que, por ser viernes no dormía en la casa y no volvería hasta el lunes. A la mañana siguiente aparecieron los tíos de la muchacha a visitarlos. Julia les rogó que se los llevaran, pero ellos argumentaron ser pobres, miserables y no disponer de espacio, entonces ella amenazó con llamar a la policía si no se iban y la tía le dijo que así lo único que conseguiría sería matar a su sobrina. La mirada y la belleza del joven la atenazaron y le impedía tomar una drástica decisión. La tía se ofreció a cuidar la casa, limpiar y comprar hasta que la niña se pusiera fuerte y pudieran marcharse. Julia avisó a sus amigos que no iría a la fiesta y se quedó en la casa. La mujer preparó un desayuno y Julia se encontró indispuesta y mareada y cayó en el sofá. Despertó hacia el mediodía, mareada, queriendo levantarse y sin encontrar las fuerzas para ello, abrió los ojos y se vio encerrada en la habitación de la asistenta, pero apenas podía ni hablar. Samuel entró en la habitación con los dos cuadros y los colgó en las paredes.

– Sé que le gustará verlos, nosotros le cuidaremos.

Ella estaba aterrorizada y agotada. Nada podía hacer. Al día siguiente, la tía y la niña entraron en la habitación, le dieron un caldo a beber, ella no quería tomar nada, pero la obligaron y volvió a caer en un sueño comatoso mientras en el salón habían apartado los muebles y el tío pintaba un gran circulo en el suelo. Samuel llegaba con ropas nuevas, impecable y con los bolsillos llenos de doblezones de las antigüedades que había estado vendiendo. Llamaron a la puerta unas amigas de Julia para preguntar por ella, cuando vieron al bello galán que les abría la puerta comenzaron a chismorrear sobre esa extraña relación que a la edad de Julia había caído como otras tantas solteronas excéntricas y pasaron los días y nadie la echó de menos.

Mi nombre es Samuel Jr. Yo era uno de aquellos pequeños, mis padres eran unos asesinos estafadores, envenenaron a Julia, pero antes le hicieron firmar la venta de todas sus propiedades.


La tarde pintaba de rojos y morados el cielo del final de un otoño que traía ya el frío de un próximo invierno. El jardín de Julia está ahora seco y olvidado, pero siempre crece alguna rosa asilvestrada sobre la losa disimulada que cubre el cuerpo de aquella mujer bondadosa que sucumbió a la belleza de mi padre y a las pócimas que aquella bruja preparaba en una marmita en el interior del círculo pintado con sangre de cabrito lechal en el salón de aquella mansión.

Que Dios los perdone.


[ ecumedesjours ]


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When You Are Old

When you are old and gray and full of sleep
And nodding by the fire, take down this book,
And slowly read, and dream of the soft look
Your eyes had once, and of their shadows deep;

How many loved your moments of glad grace,
And loved your beauty with love false or true;
But one man loved the pilgrim soul in you,
And loved the sorrows of your changing face.

And bending down beside the glowing bars,
Murmur, a little sadly, how love fled
And paced upon the mountains overhead,
And hid his face amid a crowd of stars.

William Butler Yeats

1 comentario:

zeze dijo...

Hola
Hay passado para mirar tus palabras...
Y tengo hoy un post muy caliente...

Besos