martes, diciembre 19, 2006

Mis Relatos Semanales

EL RINCÓN DE SHEREZADE - Los Cuentos de las Mil y Una palabras XVIII

"Un encuentro peligroso"


Hace ya tiempo descubrí que todo lo que ocurre sucede por algún motivo. Nada es casual, ni siquiera los sueños.

Una vez soñé con un amigo que llevaba un tiempo fuera de la ciudad, la misma mañana que desperté de ese sueño me lo encontré al torcer una esquina, unos meses más tarde nos casábamos.

Aquel día soñé con Anselmo, estaba aterrada. Anselmo es un amigo de la infancia y adolescencia, una compañía nada recomendable, con el paso de los años resultó ser un pederasta y un traficante de cocaína. No me atreví a salir de casa, era sábado y pensé dejar la compra para el lunes. Arreglé la casa y comí frente al balcón, encendí el televisor y escuché la noticia alentadora en la que nos contaban que había sido hallado el niño de quince años desaparecido ya dos meses y se temía por su vida. El muchacho había logrado escapar de su secuestrador. Por la noche lanzaron las imágenes de un retrato robot del secuestrador, era Anselmo. Mi corazón comenzó a latir alterado y sin ritmo, era tan obvio que esperaba que en breve dieran con él. Pero el retrato robot siguió saliendo al día siguiente y al otro, y al otro... así que me fui a la Policía, facilité todos sus datos, nombre, apellidos y el domicilio que yo conocí de su infancia, incluso un número de teléfono móvil. Hacia varios años que yo había dejado el pueblo, ahora vivía en Barcelona y ya no tenia conocimiento de los antiguos amigos, más que de los que me encontraba cuando iba a ver a la familia.

La Policía fue muy amable, yo no daba crédito a que nadie lo hubiera identificado todavía, era tan obvio...

Mi vida continuó su curso hasta que un día recibí una visita de dos policías para entregarme una citación. Acudí al reconocimiento del retrato robot y eran dos gotas de agua. Anselmo estaba al otro extremo de un cristal del que parecía verme y me sonreía amenazante, sentí pánico, me seguía con la mirada, recorría mi cuerpo con desprecio, fue aterrador y salí en cuanto pude de allí. Un Policía muy guapo me dijo que esa sensación era normal, que solía ocurrir con los testigos, el sentir pánico a reconocer a un criminal y la sensación de ser visto por él.

Los días siguientes estuve muy intranquila, no salía la noticia en la que celebrasen haber encontrado al secuestrador del muchacho, a Anselmo.

Pasaron unas semanas, volvía a casa tras hacer unas compras. Intentaba abrir el portal de la entrada y un tipo se apretó a mi espalda de forma violenta y me tapó con fuerza la boca, me dijo al oído con voz brusca y serena: “cállate para siempre”. Y se fue caminando muy rápido, sin llegar a correr. Yo fui incapaz de volverme a mirar, el pánico había congelado mis miembros y mis entrañas. Abrí la puerta, quise gritar y no pude, subí las escaleras, abrí la puerta de casa, allí estaba Chloe, mi gatita blanca y no pude saludarla más que con caricias. Cerré con llave la puerta y me quedé sentada en el sofá hasta la mañana siguiente.

La mañana siguiente yo seguía sin poder hablar, escribí una carta con lo sucedido y tomé cita con mi médico, le enseñé la carta a mi doctora. Me dijo que era un shock y que remitiría con el paso de los días. Me preparó dos solicitudes de consulta a especialistas, el otorrino y el psiquiatra, para utilizarlas en caso de no remisión, un lío.

Y yo sentía pánico. Llevaba siempre la llave preparada en la mano dentro del bolsillo para entrar directamente al portal del edificio, me molestaba sentir miedo, no soportaba escuchar pasos tras de mi, aprendí a no doblar esquinas, yo dibujaba un semicírculo perfecto por cada esquina de las calles que me llevaban a casa por el carrer de la Princesa, nadie volvería a sorprenderme. En casa reinaba el más absoluto silencio, tan solo Chloe lo rompía en algún momento con sus maullidos que servían para alertarme de los ruidos ajenos a la casa.

Una tarde, ya anochecía, volvía a casa y hacía frío. Llevaba la mano muy apretada dentro del bolsillo, aferrada a la llave de casa, una llave robusta, alargada, como un destornillador. El frío me aferraba más a la llave y la empuñaba como un arma. Todo ocurrió rápido, demasiado deprisa. Todo ocurrió en tan solo un puñado de segundos, apenas sentí que me rozaban la ropa me tensé como un arco y cuando me apretaron el hombro mi mano salió impulsada por un resorte salvaje y le clavé la llave encima de la nariz, fue horrible, pero era él, Anselmo. La saqué y se la clavé de nuevo, cerca del ojo, la saqué y me metí dentro del patio y subí las escaleras a casa. Introduje la llave, todavía con hilachos sanguinolentos de Anselmo y vomité aterrada por todo lo recién vivido.

Ustedes montaron el lío, el muchacho se inventó un retrato robot y yo vi en él a Anselmo. Pero, ¿por qué me perseguía?, no lo sé, ni lo sabré.

Yo no he vuelto a hablar.

Firmado:

Mademoiselle Singer

[ ecumedesjours ]