sábado, noviembre 04, 2006

Mis relatos semanales

TINTERO VIRTUAL CCLVIII "HÉROES"

"La soledad del triunfador"

Cuando subió a recoger el premio, se oían gritos a descompás, ¡bravo!, ¡bravo!, eres nuestro héroe, ¡bravo! Todos pensaban que las lágrimas que bañaban su rostro eran de emoción. Dijo unas palabras, se atragantó con más lágrimas y se fue.

Detrás de aquél telón seguía llorando de forma furiosa, no podía parar de llorar, salió a la calle llorando, el taxista apenas pudo entender la dirección por lo que tuvo que escribírsela en un papel. Subió las escaleras llorando y jadeando, se tiró en la cama en postura fetal, se abrazó a la almohada y siguió llorando hasta que infinitos recuerdos fueron golpeando con rabia sus recuerdos y acabó vomitando sus lágrimas en las negras sábanas de raso que tanto le gustaban.

Activó el contestador de su teléfono y comenzaron a escucharse voces de todo tipo, arrancó el cable y las acalló. Cogió un folio y comenzó a escribir.

Julia le había contado que para superar su crisis de identidad escribía en un papel todas sus cosas buenas, ella haría lo contrario ya que lo bueno se resume a una palabra: la gloria, ¿a qué precio?, ¿y el coste? La gente suele medir el coste en moneda de curso legal, pero hay costes más elevados como los sentimientos, la soledad del triunfador.

Dos matrimonios rotos, un innumerable séquito de amantes, tres hijos repartidos con sus padres respectivos, jornadas de trabajo de cuarenta y ocho horas, siete domicilios distintos en los últimos cinco años, ¿fue buena idea dejar su tierra para seguir aprendiendo?, ¿fue buena idea ir aceptando aquellos ascensos? Su hijo pequeño, siendo un bebé, lloraba cuando regresaba de aquellos viajes científicos y su padre lo colocaba en sus brazos, ya no reconocía a la madre, poco a poco comenzaron a no reconocerla sus hijos más mayores. Sus compañeros no pudieron soportar sus ausencias y sus padres murieron solos en la sala de un hospital sin su mano, sin las lágrimas de su hija.

Y las lágrimas no cesan, apenas puede tragar un sorbo de agua, y va a necesitar más de un sorbo para poder engullir la caja entera de citalopram veinte miligramos.

Quince sorbos bastaron, no llegó a terminarse las veinte pastillas.

Llorar agota, desploma y mata.

Por la mañana encontraron su cuerpo dormido y sin vida, en la mano un papel muy apretado en el que nada había escrito.


[ ecumedesjours ]

1 comentario:

Una mujer. dijo...

Este relato, obviamente, pasó sin pena ni gloria. Tan sólo obtuve 4 puntos...