martes, octubre 24, 2006

Mis relatos semanales

TINTERO VIRTUAL CCLXVI "MI IDEA DE UN PALACIO"

"El palacio blanco"
[ 7ª posición ... ]


Llevaba toda mi vida, que no era mucha, buscando una leyenda, un palacio. A base de escuchar tantas charlas y cuchicheos sobre él yo lo había ido dibujando en mi mente como una postal inalcanzable. Cuando hablaban de él lo hacían casi a escondidas, muy bajito. Sus rostros cambiaban; a veces se emocionaban y derramaban lágrimas por no poder volver allí.

Desde niño había escuchado historias siempre a medias sobre aquél lugar, parecía un secreto que sólo a los mayores les estaba permitido conocer, y así fue creciendo mi curiosidad hasta llegar la adolescencia. El mundo se hacía más grande mientras mi cuerpo crecía y mi mente comenzaba a buscar, ya de forma desesperada, el blanco palacio del que tanto había oído hablar.

Tenía diecinueve años cuando por fin conseguía tenerlo ante mí.

Tan oculto.

Para mí.

La noche y su luna lo fueron desnudando y le dieron sus colores al palacio. Blanco marmóreo, virgen, inmaculado, de una belleza insólita para mí. Recorrí dos sendas finas y suaves que convergían en un jardín boscoso y húmedo por el que ascendí hacia un pequeño monte. Desde allí divisaba una llanura pálida y en su centro un pequeño lago circular. Di varias vueltas al lago y continué el recorrido por un cañón que se iba abriendo a mi paso y se hacía más escarpado. Crucé entre dos montes preciosos, altivos. Los admiré. Quise volar a sus cimas, dos rojas almenas redondas las coronaban. A mi vuelta me detendría en ellas.

Unos pasos más me llevaron ante la puerta.

Tantos años esperando el encuentro y, curiosamente, estaba tranquilo y embelesado.
La puerta era roja sabrosa y al acercarme comenzó a abrirse y pronunció mi nombre. El rojo húmedo y la fosa negra me resultaban muy atrayentes, tan apetitosos que sin darme cuenta me encontré besándola. Mi lengua asomó y se encontró con la suya. Tomé su mano y entre nuestras dos manos, la suya y la mía, deshicimos el camino que acababa de recorrer para llegar a su boca. Paseé por sus cimas, sus senos, y sus rojas almenas. Bajé por el cañón. Volví a pasear alrededor de su ombligo y jugamos en su húmedo jardín. Nuestros dedos se trenzaban en su bosque sedoso. Recorrí sus muslos despacio, desde la parte interior, la más suave, y ésta vez tan solo mis manos, ya sin las suyas, volvieron a bajar por las sendas de sus piernas. Desde allí divisaba otra puerta también roja y carnosa que se entreabría al ritmo de sus espasmos, sus piernas y su deseo.

a este cuerpo le di los colores de la luna y la noche para describirlo como un Palacio

Tan húmeda, tan oscura,

tan profunda, tan carnosa.

La besé.

Y entré.

Y, por una noche,

fuimos dioses.

[ ecumedesjours ]

2 comentarios:

Sobremesa dijo...

adnauseam dijo:

"Ecumedesjours:

igual que quidam, enfocado al amor, pero su sensualidad gráfica lo hace diferente, me gustó el cuerpo como paisaje.

Una mujer. dijo...

yo, ecume dije:

"El mejor Tintero
Mi opinión global, siento repetirme, es que me ha resultado un Tintero fascinante porque TODOS los relatos son muy buenos, me siento halagada de escribir entre vosotros.
Los voy a guardar todos en mi disco duro.

Gracias