sábado, julio 19, 2008

Mis Relatos Semanales



TINTERO VIRTUAL CCCLII: GATOS



"Sargento Huck"



El gatito se acerca sigiloso y se sienta al lado del padre, frente al muchacho, y así entra en la escena de la historia que comienza a contarle. – Hijo mío, te presento al Sargento Huck –

Los jueves por la noche resultaban movidos, la gente tenía ganas de aliviarse y quitarse el peso de la semana antes del viernes. Pero era miércoles y, afortunadamente, los miércoles solían ser muy aburridos y la vagueza nos abría el apetito. Nos sorprendió ver al chino vendiendo bocadillos en una de las esquinas de Gran Vía a la altura de la madrugada del miércoles; más sorprendía la cola de clientes. Nos detuvimos y la clientela desapareció ante nuestros uniformes, pero la calma y la tranquilidad en el vendedor permanecían intactas. Hizo un gesto ceremonioso al saludarnos, bajó la cabeza y extendió sus brazos incitándonos a pedir lo que buscásemos. Miramos a su alrededor y no había mercancía, tan sólo estaba el hombre sentado en un pequeño taburete plegable.

- ¿Qué haces aquí, viejo? – le preguntó mi compañero Huck.

- Poca cosa, vengo desde muy lejos y atiendo a los que me necesitan.

- ¿Eres un shaman?, ¿acaso brujo?

- Soy un wu-yi

- ¿Qué es eso?

- Digamos que soy un hombre sabio, soy las dos cosas que preguntas y muchas más. Sé muchas cosas, sé que mañana morirás.

El padre acariciaba al gato orgulloso mientras le contaba la historia a su hijo – El sargento Huck soltó una carcajada ante aquella aseveración que el anciano había escupido sin inmutarse.

- Y, mi compañero, ¿también morirá?

- No, él cuidará de ti y de tu alma.

A mi no me hacía ninguna gracia la conversación que mantenían Huck y el viejo wu-yi. Quise interrumpirles en muchas ocasiones pero Huck estaba muy serio y me clavó unos pasos atrás de ellos con una mirada furiosa, triste y convencida. Y yo retrocedí aún más hasta dejar de escucharles.

Y llegó el jueves y el movimiento de su noche. Los jueves son más peligrosos que los viernes, la gente que sale a la calle es más adulta, con más poder adquisitivo, consumen drogas muy caras y sus armas son más sofisticadas.



Ya habíamos estado antes en redadas similares. Cuando a los compañeros de anti vicio se le ponían las cosas muy feas buscaban refuerzos entre las patrullas cercanas. Nos sorprendieron en Argüelles y acudimos a echarles un cable, el primer tiro que salió por la ventana dió en el pecho de Huck, aquellos tipos llevaban rifles para cazar osos, malditos cabrones. Pude socorrer a Huck, me pidió que hurgara en sus bolsillos y encontré un frasco diminuto con algo escrito en chino, apenas tres gotas lamió mi compañero. Un gato se acercó a olisquearnos y el olfato le guió hasta mi amigo. Huck cerró los ojos para siempre y los volvió a abrir con los del gato, se ocultó en los arbustos y esperó a que me ocupara de todo lo que me quedaba esa larga noche. Cuando volví al coche, el gato estaba ya dentro y volviamos hacía casa, pero el gato maullaba y maullaba molesto, me detuve y quise entender qué estaba ocurriendo y de pronto tuve un punto de locura y di la vuelta en dirección a la casa de mi amigo y el gato se calmó. Al llegar saltó por la ventana y cuando subí las escaleras, cuando llegué al tercer piso, el gato ya estaba dentro de la casa.

Tarde o temprano alguien podía descubrirlo, pero es una situación tan inverosímil que nunca pensé que llegaría a contarla. Siempre creí que si alguien llegara a sospecharlo antes me tomaría por loco.