jueves, enero 25, 2007

Chloe


"...Existen sólo dos cosas: el amor, en todas sus manifestaciones, con chicas guapas, y la música de Nueva Orleans o la de Duke Ellington. El resto debería desaparecer, porque el resto es feo, y las pocas páginas de demostración que siguen extraen toda su fuerza del hecho de que la historia es completamente verdadera, porque me la he inventado de cabo a rabo..."


Prólogo de l'écume des jours,
Boris Vian


[ *Voz en off de Una Mujer: Lo siento, si usas Firefox no podrás escuchar este delicioso y elegante tema de Duke Ellington y que nos acompaña a lo largo de la espuma de los días. ]









Duke Ellington
Chloe,(Song of the swamp)





Nicolás trajo el plato siguiente: pan de piña con crema de naranja.

- Gracias- dijo Colin- Nicolás, a su juicio ¿ qué puedo hacer para volver a ver a Chloé, una chica de la que estoy enamorado?

- Dios mío, señor- dijo Nicolás- , evidentemente puede darse el caso... He de confesar al señor que a mí no me ha sucedido nunca. Yo aconsejo al señor que trate de recoger, por conducto de la persona en casa de la cual ha conocido a la chica cuya presencia parece faltar al señor, ciertas informaciones sobre las costumbres y amistades de esta última.

- Pese a la complejidad de los giros que emplea usted, Nicolás, creo que ésa es, en efecto, una posibilidad. Pero ¿sabe usted una cosa? Cuando se está enamorado uno se vuelve idiota.

Bebieron un poco más de Sauternes. Nicolás trajo una enorme tarta.

- Aquí tienen los señores un postre suplementario- dijo.

Colin cogió un cuchillo, pero, cuando iba a cortar la superficie virgen, se detuvo.

- Es demasiado hermoso- dijo- Vamos a esperar un poco.

- La espera-dijo Chick- es un preludio en tono menor.

- ¿Qué te hace hablar así?-dijo Colin.

Tomó la copa de Chick y la llenó con un vino dorado, denso y móvil como éter pesado.

- No lo sé- dijo Chick- ha sido una idea repentina.

- ¡Pruébalo!- dijo Colin.

Vaciaron las copas al mismo tiempo.

- ¡Es tremendo!...- dijo Chick, y sus ojos se pusieron a brillar con destellos rojizos que se encendían y se apagaban.

Colin se apretaba el pecho.

- Tengo la seguridad de que si bebemos lo suficiente de este vino, Chloé vendrá inmediatamente- dijo Colin.

- ¡De eso no hay la menor prueba en absoluto! – dijo Chick.

- Me estás provocando- dijo Colin, acercando su copa.

Chick llenó las dos copas.

-¡Espera!- dijo Colin.

Apagó la lámpara del techo y la lamparita que iluminaba la mesa. Sólo brillaba, en un rincón, la luz verde del icono escocés delante del cual Colin solía meditar.

-¡Oh!...- murmuró Chick.

A través del cristal, el vino relucía con un resplandor fosforescente e incierto que parecía emanar de una miríada de puntos luminosos de todos los colores.

- Bebe-dijo Colin.

Bebieron los dos. El resplandor quedaba adherido a sus labios. Colin volvió a encender las luces. Parecía dudar si quedarse en pie.

-Una vez al año no hace daño-dijo- Creo que podríamos terminar la botella.

-¿Y si cortáramos la tarta? –dijo Chick.

Colin cogió un cuchillo de plata y se puso a trazar una espiral sobre la blancura pulida de la tarta. De repente se detuvo y miró su obra con sorpresa.


-Voy a probar una cosa- dijo.

Tomó una hoja de acebo del ramo de la mesa, y con una mano, asió la tarta. Haciéndola girar rápidamente sobre la punta del dedo, colocó, con la otra mano, una de las puntas del acebo en la espiral.

-¡Escucha!- dijo.

Chick escuchó. Era la canción Chloé en la versión arreglada por Duke Ellington.

Chick miró a Colin. Estaba tremendamente pálido.

Chick le quitó el cuchillo de la mano y lo hincó con ademán firme en la tarta. La cortó en dos y, dentro de la tarta vieron que había un nuevo artículo de Partre para Chick y una cita con Chloé para Colin.




Boris Vian, "L'écume des jours"


1 comentario:

Una mujer. dijo...

Gracias por el texto a Boris Vian, por supuesto, y a Nosurrender por facilitarme el copy & paste!, solo faltaba... ponerle música...