miércoles, noviembre 08, 2006

Mis relatos semanales

TINTERO VIRTUAL CCLV "La soga y la duda"

"Los dioses de la duda ó la elección" [ 5ª posición ]

Doce hombres reunidos se debatían acerca de Theo o Armand, la mitad de ellos decía que Armand y la otra mitad abogaba por Theo.

Era mi primer día en aquél lugar, un gran edificio. A la entrada dos colosos de mármol no daban la bienvenida puesto que su gravedad amenazante causaba más temor que respeto. Me dieron las consignas para mi trabajo, sólo limpiaría aquellas habitaciones cuyas puertas estuvieran abiertas de par en par, el resto ya lo haría otra persona. Sólo un vigilante cuidaba del supuesto control de aquél edificio, un anciano a punto de jubilarse, un anciano con rostro de sabiduría. Al llegar a su control me miró de arriba abajo, me llamó por mi nombre, me dio las consignas y siguió a lo suyo.

La primera puerta que encontré cerrada era enorme, de doble hoja y un letrero tallado en madera negra africana decía así:

“Si hasta aquí has llegado no preguntes, los sabios resolverán la duda en cuestión”.

No pude evitar escuchar aquellas voces sonoras y tranquilas, hablaban de la locura y la enfermedad en una comparación terrible, con una frialdad sin compasión, ambas características eran molestas para la civilización. La una generaba una carga onerosa en sus arcas y la otra representaba un desequilibrio en la supuesta calma de los ciudadanos. Mientras escuchaba aquellos sabios razonamientos vi una sombra al fondo del pasillo, un hombre como yo abría una puerta cerrada, él tenía más privilegios puesto que podía conocer todos los rincones del lugar, los abiertos y los cerrados, solo que yo… parecía atrapado ante aquella doble puerta cerrada y necesitaba escuchar las conversaciones de aquellos dioses de la duda.
El otro celador salió de la habitación cerrada y se dirigió hacia mí sin mirarme, abrió la enorme puerta y se adentró volviéndola a cerrar. Las graves conversaciones se apagaron con su presencia hasta que escuché una voz con extraño acento que decía: Buenos días Armand, ¿mucho trabajo?, no escuché respuesta por parte de mi compañero desconocido pero la voz con acento siguió hablando ensalzando que los hechos de Armand no causaban ningún peligro para nada. ¿Hechos?, ¿qué hechos? me preguntaba yo, mi desconcierto comenzaba y una presión se generaba en mi pecho. De niño tuve fiebres reumáticas y sólo de niño escuché palabras que decían que mi corazón era débil, pero ahora parecía tener tanta vida que golpeaba en mi pecho hasta dolerme y las puertas se abrieron, Armand salió y no las cerró.

El desconcierto y mis opresivos latidos me tuvieron paralizado y cuando escuché la voz con aquél odioso acento que no llegué a reconocer pronunciando el nombre de Theo, invitando a Theo a entrar, recordé que mi tercer nombre de pila era Teófilo, mis piernas no avanzaban, mi corazón me dolía y me desgarraba, el dolor se extendía a los brazos, mis ojos se desorbitaban y la voz repulsiva sentenció: “Os lo dije, os lo advertí, la enfermedad es mísera y no merece compasión”, después se oyeron once voces como en un coro celestial que al unísono dijeron: “Sea, asunto concluido” y fue entonces cuando un rayo me fulminó inyectándome su veneno mortal y me desplomó. Yo ya no vi nada, no sentí nada, pero mi alma tuvo tiempo de escuchar las palabras del anciano vigilante mientras recogía mi cuerpo sin vida y distorsionado por el golpe del dolor precordial: “Hubiera sido mejor que nada escucharas, les pusiste tan fácil resolver su duda…. Decidieron que la locura es incluso hermosa mientras que la enfermedad ruinosa y de una terrible bajeza para el ser humano”.


[ ecumedesjours ]