martes, junio 02, 2009

Mis Relatos Semanales

TINTERO VIRTUAL CCCLXXXIX

De vuelta a casa




A veces sufrimos un golpe en alguno de nuestros sentimientos y nos quedamos mudos, ciegos y sordos. El daño por sorpresa, la estupefacción, nos hace insensibles y dejamos de sentir las caricias. El cuerpo se queda expectante y sin apetito. La mente parece detenerse en aquél instante en que todo sucedió. Todo el ser acaba siendo víctima de los efectos de las causas y los acontecimientos van tatuando el alma. A veces fortalecen esta trinidad, otras consiguen destruir la mente, el cuerpo y el alma.

1 de Abril, Año de nuestro Señor 2006

A pesar de quererse y añorarse, a pesar de saberlo los dos, su convivencia llegó a ser insostenible. Se amaron y odiaron hasta la extenuación, se entendían a la perfección, al fin y al cabo eran iguales, sólo que él era más fuerte. Ella preparaba sus platos favoritos y cenaban juntos charlando, al día siguiente podía ocurrir cualquier cosa. Él se despertaba muy tarde, ella quería comer con sus padres y hermanos, a él le importaban tres pimientos todos esos acontecimientos familiares. Ella se iba sola y a la vuelta su enojo le llevaba al ataque psicológico, a burlarse del corte de pelo del otro, acerca de si le olían los pies, de su irresponsabilidad, de seguir sin trabajo y haber terminado ya el subsidio de desempleo, le preguntaba qué quería comer mañana, siempre que pudieran pagarlo, claro. Y así comenzaron los reproches, si no hubieran comprado el televisor de plasma, la estación de juego, el ordenador, el coche... Y así se levantó furioso y por no pegarle en un arrebato por alcanzar el silencio en aquella boca, con una sola mano, dejó caer la estantería del pasillo con todo su frágil contenido esparciendo añicos por la casa. Ella increpó con insultos, él siguió por el salón y con frialdad siguió derribando muebles. Ella arremetió contra él golpeándole por cualquier parte, él le agarró por los brazos y ella lanzó patadas a sus piernas. De un empujón cayó al suelo y, apenas se había levantado, el cuchillo más grande de la cocina estaba amenazándole. El pecho femenino se ofreció rabioso al sacrificio por poner fin al martirio de sus vidas, el cuchillo repetía sus movimientos amenazantes en continuo avance y retroceso hasta caer de las manos. Él se fue, ella se quedó dos días y sus noches sentada en el sofá, inamovible más que para deslizarse por la casa y hacer por inercia las justas necesidades. Pasaron los días y él no volvió, ella se marchó con un bolso de mano y su abrigo más caliente.

6 de febrero, Año de Nuestro Señor 2009

No fue difícil reconocerla entre la mugre y la fetidez que impregnaba el túnel que cruza la Castellana frente a la Biblioteca Nacional. Llevaba el mismo abrigo con que la vio salir de casa, más oscuro y raído, pero al ser de buena calidad había aguantado el embiste de las calles y las lluvias. Se detuvo frente a aquellos tres cuerpos acomodados entre cartones y llamó a la madre como pocas veces había hecho: –Mamá, vamos a casa– descubrió su rostro y reconoció en sus ojos la misma mirada asustada en aquella tarde aciaga que era causa de su arrepentimiento. Poco a poco la fue moviendo y atrayendo hacia sí y sin darse cuenta la madre caminaba al lado del hijo, cogida de su mano. Durmió durante todo el viaje y la llevó de vuelta a casa. Preparó un baño caliente, lavó a la madre igual que ella lo había hecho años atrás y la acostó en su cama.

Al día siguiente la madre actuó como si nada de todo aquello hubiera sucedido. Encontró la casa limpia y arreglada como ella siempre la tenía y volvió a cuidar al hijo y el hijo a la madre hasta que supo volver a valerse por sí misma.


[ecumedesjours]