domingo, mayo 20, 2007

Mis Relatos Semanales

EL RINCÓN DE SHEREZADE
Los Cuentos de las Mil y Una palabras XXXIII
"Tres son multitud"
o....
TINTERO VIRTUAL CCCXXVIII
El amor en los tiempos del cólera
"Anécdotas en tiempos de cólera"






"Las paredes oyen" - "Anécdotas"

Hace muchos años, en los tiempos en que el amor entre Florentino Ariza y Fermina Daza volaba entre un tráfico de telegramas, comenzaba a aparecer el teléfono en las principales casas de la ciudad.

Mi bisabuela fue la primera operadora del lugar y así fue como llegó a ser la cronista más fiable de su historia, ella escuchaba todas las conversaciones de la gente importante, trapicheos y agradecimientos, información confidencial y privilegiada, cotilleos de la vida diaria y otros más relevantes. Fue una mujer inteligente que supo usar aquella información invirtiendo sus ahorros hasta amasar la fortuna que todavía hoy disfrutamos sus herederos.

En el verano de 1936, el aire olía de forma extraña, era el olor de la revolución, ella se inquietó y decidió retirarse y mantener su fortuna con el instinto aprendido, tomó la decisión de dejar el trabajo y así lo notificó a la compañía, y sabiendo que era su última tarde escuchaba las conversaciones de otra forma, con cariño. Conocía muchas cosas de todos los habitantes, las enfermedades de cada vecino, los celos de la mujer del sinvergüenza de Marcelo, ¿como es posible que su mujer sea tan tonta?. Marcelo se acuesta con todas las mujeres que le dejan menos con la suya, está enfermo, tiene el síndrome de la conquista.

Las mujeres del club social la divertían mucho pues, mientras se despellejaban las unas a las otras y entre ellas, le facilitaban una información de suma importancia teniéndola al día de las cenas entre los peces gordos donde se establecían y firmaban grandes pactos de muchos beneficios y relevancia política, y, durante la preparación y al día siguiente, ellas transmitían la información de primera mano a través del cable telefónico.

Y así pasó su última tarde, encandilándose escuchando la bonita voz del doctor dando sabios consejos a sus enfermos, a veces parecía más un confesor, consejero, sacerdote o psicólogo que un doctor en medicina.

Ocurrió que la hija del banquero llamó a su madre pidiéndole consejo, la muchacha era primeriza y su bebé de siete meses se negaba en rotundo a comer, la niña estaba desesperada y no sabía ya qué hacer para que el niño comiera, la abuela de la criatura aun tenía menos idea de bebés que la madre por lo que, mi bisabuela no pudo evitar participar en la conversación aconsejando a la madre y haciéndole preguntas, probablemente el pequeño sufriría de estreñimiento... La muchacha le dio las gracias muchas veces y la abuela un tanto desconcertada también se las dio.

Y así siguió dando consejos acerca del color de pelo que le quedaría mejor a Teresa, no estaba de acuerdo con Teo sobre que se tiñera de rubio platino, le sienta mejor el castaño claro.

Mi bisabuela comenzaba a hacerse el ánimo de desconectar el auricular y la centralita cuando Marcelo llamó a su esposa para decirle que no iría a cenar, como ayer, ya no necesitaba excusas, siempre eran las mismas, ¡para qué repetirlas! Y no pudo contenerse y le dijo a su esposa:

- Tus celos son fundados, abandona a tu marido, no tiene solución. Te la pega con todas tus amigas, no te fíes de ninguna.

- ¿Quién eres?

- Me llamo Julia, abandónalo, yo me voy esta noche a Paris, si quieres me puedes acompañar.

Marcelo grita, insulta, vocifera y pide explicaciones, Julia y Maria hablan sin escuchar al hombre y establecen una cita. María cuelga el teléfono y Marcelo también. Una última llamada sorprende a Julia cuando ya iba a desconectar la centralita:

- ¡Ha estallado la guerra!



[ ecumedesjours ]

1 comentario:

Yguana rosa dijo...

Me ha llegado un correo electronico andvirtiendo que
las conversaciones a traves del messenger pueden ser espiadas.
Ah, como me ha recordado a esta celebre seńora!
Mas dudo que haya alguien tan inteligente y senzato como ella...

Cuando conversamos con mi amigo del Polo Norte, en repetidas ocaciones hemos tenida, ambos, la sensacion de ser espiado...
Le dire:
Ya nos lo dice muy bien Garcia Marques, hasta en los tiempos del colera se dio el espionaje...(involuntrio?)