viernes, noviembre 17, 2006

Mis relatos semanales

EL RINCÓN DE SHEREZADE - Los Cuentos de las Mil y Una palabras V

"Ojos Negros"

"666 palabras"

– Le rogaría omitiese los detalles escabrosos - dijo el abogado de una Compañía de Seguros-

– Entonces no sé si seré capaz de explicarme.


– ¡Protesto! – gritó el abogado de un joven adinerado y difunto – Deje que se explique a su manera.

– Adelante – prosiguió el juez levantando una ceja – No hay menores presentes, continúe la testigo.

– Verá, verán –corrigió Julia mirando a todos los presentes – Se trata de su mirada, él tenía unos ojos muy oscuros, tan oscuros que eran negros, poseían un brillo especial, luminoso. A veces le brillaba un ojo como un diente de oro que iluminara avenidas. Tenía unos ojos negros maravillosos. Unos ojos hipermétropes que le conferían una mirada intensa que se perdía en mis inmensidades cuando, ya sin lentes, hacíamos el amor.

– Continúe, por favor. –dijo el abogado de la compañía con una sonrisa estúpida que la sacó del trance del recuerdo de la mirada, negra y brillante, del amante –

– Aquella noche no tenia brillo. Era una mirada opaca, mate, negra, muerta. Aquella noche, no era él.-dijo tajante –

– ¿Quiere decir que era otro hombre?

– Si... - no... se dijo a sí misma muy bajito, imperceptible -

– ¿Y el resto, en qué se diferenciaba?

– En nada, el resto era exactamente igual – Julia estaba incómoda -

– Continúe con su explicación de la mirada a ver si nos aclara algo – insistía irónico el abogado de la compañía –

– No tengo nada más que contar.

– ¿Insiste usted en que el hombre que murió en ese accidente de automóvil, al día siguiente estaba en su lecho?

– Sí, algo así. Pero no era él, le faltaba el brillo, el resto era el mismo. Creo que le faltaba el alma. Un fantasma, si. José Manuel vino a despedirse de mí. Envió a su cuerpo o a sus formas a mi mente. Quizá los fantasmas solo existen en las mentes de las personas escogidas por los propios fantasmas. No son luces, ni auras, sino formas provocadas en nuestra mente aprovechando la gran imaginación que poseemos y que, todavía, no sabemos controlar.

No sé qué interés tiene su compañía de seguros en sacar de quicio lo que ya no tiene remedio – Julia cambió el tono de voz y habló serena y enérgica mirando a los presentes, a todos – Yo se lo voy a explicar. José Manuel ha muerto. Murió en un accidente de automóvil a las 14:35 del mediodía. Esa noche a la 01:30 de la madrugada del día siguiente vino a casa, como un fantasma tomó mi rostro, comenzó a besarme y me abrazó. Me llevó en brazos a la cama, en silencio y nos amamos despacio, suavemente. No pregunté nada. Lo acuné, le mecí, lo amé. Sabía que algo tremendo había sucedido, algo de enormes dimensiones, pero no pregunté. No podía hablarle a aquella mirada, creo que no habría entendido las palabras – continuó ahora tierna – Yo no tenía miedo. Solo sentía un amor lento e infinito.

Tardé en enterarme de su muerte. Dejó de llamarme y su teléfono dejó de existir.

No volví a verle. No volveré a verlo.

Murió en aquél accidente. No hay más. En todo caso negaré todo lo dicho. No se imaginan ustedes el esfuerzo tan grande que ha de hacer el alma para conseguir regalar a alguien querido la ternura de aquella noche, el silencio compartido y comprendido.

¿Qué les importa a ustedes su alma? Nada.

Ni siquiera sabrían explicarlo. Fijen la hora más conveniente, a mediodía, el resto no existió. No se crean lo que digan por ahí. El tipo de la gasolinera debió confundir las noches – dijo con un cariño inevitable – No era él. Su coche a esas horas ya estaba cargado en la cima de un camión para llevarlo a la chatarra. Todo son casualidades. Creo que José Manuel topó con muchos locos a lo largo de su vida, con todos los locos maravillosos, como él.

Nada más – Julia calló para siempre –

[ ecumedesjours ]