martes, diciembre 26, 2006

Mis relatos semanales


TINTERO VIRTUAL CCLXVI: "MI IDEA DE UN PALACIO"

"El Palacio de los Cuentos"










Erase una vez una niña que no pensaba en otra cosa más que en coleccionar cuentos. Llegó un momento en que ya conocía todas las historias, leyendas y cuentos que podía encontrar en la aldea, así que una mañana, muy pronto, salió de su casa mientras la familia dormía. Dejó un papel pinchado en la puerta de la casa donde les decía con cariño que había salido a buscar el Palacio de los cuentos.

La pequeña tardó una mañana y media tarde en llegar a un pueblo dónde los niños, que jugaban en las afueras, salieron corriendo a recibirla tocándola como si de algo extraño se tratara. Los niños le explicaron que en aquél lugar desde hacía cuatro generaciones no nacían niñas y ella era la primera que veían. Un pequeñín que apenas alcanzaba el metro de estatura le preguntó si había ido para cuidarles, si era un hada. La niña lo tomó en sus brazos y comenzó a contarles cuentos. Mientras entraban en el pueblo, ya anocheciendo, les habló del Palacio de los Cuentos. Los niños nada sabían de aquél lugar. La escondieron en un pajar para que durmiera caliente y cómoda, no querían compartir su secreto con los mayores. La niña volvió a continuar su camino con el primer rayo del amanecer.

En el camino se encontró con una anciana cansada que cargaba un cesto de mimbre repleto de cerezas. La niña se ofreció a ayudarle. La anciana le dio las gracias y le dijo que le ayudara comiéndose algunas para así aliviarle la carga. Mientras caminaban la anciana le contó nuevos cuentos. La niña estaba fascinada escuchando y comiendo, cuando de pronto, en el camino que se abría tras cruzar el bosque que ya se cerraba, apareció sobre un monte un castillo radiante, dorado, con almenas rojas y piedras bruñidas por el sol de la tarde. La anciana miró a la niña y le dijo:

– Ahí lo tienes.

– ¿Cómo sabias que estaba buscando el Palacio de los Cuentos? – preguntó la niña mientras comía la última cereza y la anciana desaparecía –

Neuschwanstein ( Bavière )















La pequeña salió corriendo y llegó frente a las puertas, sudorosa, jadeando, nerviosa y emocionada.

- ¡Ah del castillo! ¡Abrirme la puerta!

Y las puertas se abrieron de par en par. La luz dorada de la tarde iluminaba los lomos de los libros que en perfecta armonía encajaban uno sobre otro formando paredes y pasillos, techos y chimeneas. La anciana que la había acompañado aparecía ahora con sus cabellos canos y sueltos, vestida con una túnica blanca. Por sus hombros colgaba una toquilla también blanca y en sus manos un libro al que la niña miró casi con avidez.

– Este libro es para ti. Hace muchos años que llegué aquí, tenía diez años y no sé cuántos tengo ahora. Al igual que tú yo sólo deseaba descubrir nuevos cuentos. Creía que una vida entera no sería suficiente para conocerlo todo. Sin embargo, ya conozco todos los cuentos. Por eso las hadas de la imaginación te han escogido a ti.


– ¿Por qué?, ¿qué he de hacer?


Bodiam ( East Sussex )














– Fíjate en estos muros – dijo la anciana – están construidos con cada uno de los cuentos que nosotras, las escogidas, hemos ido leyendo y construyendo. Cada libro nuevo que tú leas será una piedra más en los muros de este Palacio. Yo los escribiré para ti. Mientras yo vaya tejiendo los cuentos tú podrás ir leyendo los que ya son piezas de este lugar. Ahora te corresponde el turno de seguir ampliando los muros del Palacio de los Cuentos para que la imaginación siempre esté viva.

– ¿Cuándo empezamos? – preguntó la niña haciendo gestos a la anciana de que le diera el libro. La niña comenzó a leer mientras la anciana ya tejía palabras para un nuevo cuento.


Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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