sábado, julio 07, 2007

Mis Relatos Semanales




TINTERO VIRTUAL CCC – "Nosotros"




El grupo se había formado entre gente espontánea, unos amigos traían más amigos y en pocos años nos juntábamos normalmente más de treinta chavales de diferentes edades y procedencias en el banco largo de la glorieta de la Plaza del Cronista.

Ocurrió en una tarde de sábado de discoteca, sonaba “The Killing of Georgie”, Maria bailaba con Pedro apretada junto a su pecho, rodeando sus hombros y enlazando las manos en su nuca, Rafa y Jose intentaban convencer a Trini y a Doris para bailar, Julia se besaba entre cortinas con Toni, el resto bebía cervezas en la barra y otros habían salido a la calle mientras duraba el baile lento de los amantes. De pronto Mario llegó sobresaltado, increpando y llevándose a los amigos, la voz corrió como la pólvora, y la pandilla desperdigada por la discoteca salió a la calle en dirección al callejón trasero. Una banda de macarras pretendía pegar a Víctor, uno a uno fuimos llegando al callejón oscuro, uno a uno fuimos formando una masa de más de cincuenta chavales, uno a uno nos fuimos poniendo delante de Víctor y Pedro habló:

– Todos somos uno, tendréis que pegarnos a todos

Los cuatro macarras recularon mientras uno de ellos sacaba una navaja, fue entonces cuando fuimos asomando y los rodeamos en un círculo, seguían llegando más amigos, Josete dejó caer la navaja en señal de rendición, hizo un gesto para que le dejáramos paso y abrimos el círculo para que se alejaran, pero Josete se acercó a Víctor y le tendió su mano mientras todos coreábamos un:

uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuh y extendíamos la mano en señal de aprobación.

Y así fue como el grupo seguía creciendo de forma espontánea y variopinta, éramos muchos, juntos éramos grandes, éramos gigantes y el resto admiraba el lazo invisible que nos unía.

Han pasado veinticinco años, muchos han desaparecido, se los llevó la droga, a otros la velocidad, enfermedades y destinos.

Tengo entre mis manos una invitación, aquella pandilla ya perdida entre los rincones privilegiados de mi memoria pretende volver a mirarse los ojos, el tiempo habrá hecho estragos, habrán perdido sus flequillos y aquellos cuerpos fibrosos que corrían por la playa y por las huertas habrán sido sustituidos por barrigas cerveceras, aquellas mentes lúcidas e idealistas por mentes acomodadas y burguesas y la vitalidad por tedio.

Al final de la velada se levanta Vicente “el largo”, va a dedicar unas palabras, es el más mayor de edad y de estatura, el silencio nos invade, nos miramos uno a uno sonriendo con recuerdos cómplices en cada mirada, y en cada mirada sigue estando la persona que fuimos antaño, miramos a Vicente, levanta su copa y dice con emoción:

– Por nosotros, todos

Y brindamos.


[ clochard ]