martes, julio 07, 2009

Cuaderno de Días - 1.



A pesar de haber dispuesto únicamente de una semana de vacaciones unida al fin de semana anterior, ahora que repaso en calma los días vividos tan recientes sonrío satisfecha... ha sido una semana intensa y agotadora... estoy molida.

Está claro que, aun habiendo circunstancias dignas de gran celebración que no voy a desvelar, la semana ha estado marcada por mi regreso a Barcelona. Viví casi ocho meses allí hace cinco años, así que me sentí como en casa, mucho más que cuando viví en la ciudad condal. Aún así.... no la cambio por Madrid ni por Valencia; la excusa: el fabuloso espectáculo que nos ofreció U2.

Llegué el miércoles, 1 de julio, a la estación de Sants a las 17:40 y me recogió un calor de 34 húmedos , sudorosos e infernales grados que ya no me abandonaron hasta el regreso, ¡Dios mío, qué calor!. Dejé la maleta en el Hotel y me fui caminando dispuesta a la aventura de pasar la noche al raso a las puertas de la catedral del fútbol, había quedado allí con amigos que ya me llevaban una noche de ventaja en la cola. Ellos ya habían visto el concierto del martes y tal como acabó comenzaron una nueva espera de 48 horas, el primer día lo vieron desde las gradas, ahora llevábamos entradas de pista y querían charlar con Bono y sus colegas, a eso se le llama fanatismo, eh : ), pues hay más, más historias fanáticas... Casi todo el mundo que me rodeaba ya los había visto la noche anterior. Nada más verme dijeron “uhm... hueles a limpio....”. Nunca había esperado para un concierto más de cuatro o seis horas que ya es más que suficiente, era una experiencia nueva. Gente de todos los lugares formábamos una serpiente multicolor que serpenteaba por la acera de la avenida pegada a la reja de los jardines de la Masia del Estadio, enredados entre pequeñas tiendas de campaña, esterillas y sacos de dormir, toldos improvisados, banderas de todos los colores con preferencia por la irlandesa. Nada más llegar se comprobó mi nombre en la lista y me pintaron el número 20 en el antebrazo, abrieron la valla y se me permitió ocupar el lugar en la acera que mis amigos me habían reservado.



Es increíble comprobar lo bien que se organiza la gente sin necesidad de intermediarios, el primero que está en cabeza tiene la función de elaborar una lista por orden de llegada y custodiarla, en este caso era una chica inglesa que había venido sola por lo que le cedió la responsabilidad a un par de chicos colombianos que lo hicieron genial, enseguida apareció una libreta y rotuladores. Ingleses e irlandeses, polacos, italianos y franceses, colombianos, venezolanos, españoles de todas las regiones, un amasijo en el que me encontraba muy a gusto, el perfecto desorden. En inglés nos entendíamos todos más o menos, pero resultaba gracioso saber cómo se decían las cosas en tantos idiomas para llegar a lo mismo, vamos, como los políticos pero con respeto y ganas. El polaco tenía su gracia cuando gritaba aquello de: “Soy ca-ta-lán de Cra-co-via!!” juas.



Bocatas y bebidas del Pans, licores en los coches, porros en el césped, idas y venidas a la fuente de la vida, el agua milagrosa, charlas y risas, ¿un café?, guárdame el turno, ahora venimos. Y la noche nos tragó por la avenida del Estadio, los coches reducían la velocidad a nuestro paso y escuchábamos como se preguntaban entre ellos si podrían ponernos precio...




Más adelante estaban ellas, limpias y bonitas, jóvenes y dispuestas a ganarse la vida con su cuerpo, a un lado de la avenida estaban las putas, al otro los travestis, los travelos. Ambos tienen que tener cuidado, hay una línea invisible y muy fina marcada a piedras y a fuego entre ambos. Si la puta excede la línea mientras va cerrando el trato con el cliente ambos corren el riesgo de ser apedreados.




Enfrente puedes ver a los chulos, sus malas formas con las chicas, sobretodo con aquella embarazada que, imaginamos, debía producir poco rendimiento... La vida es dura tío, y el tráfico de vehículos en esa zona muy numeroso.




La doble moral....

A las 3 de la madrugada mis ojos se cerraban y en el duermevela escuché un roce deslizarse por el asfalto de la entrada del Estadio hacia la acera, una cucaracha bien alimentada se abalanzaba hacía mi esterilla como un rinoceronte enfilado hacia su objetivo. Pido disculpas por despertar a la serpiente multicolor con gritos de asco. No pude soportar una segunda cucaracha, así que recogí mi esterilla, detuve a un taxi y me fui al Hotel. Un baño y un sueñecito... mmm....


Y mientras tanto....





... continuará...

1 comentario:

Toñi dijo...

Muy chulo e interesante todo esto acerca del concierto. Vaya experiencia. Y vaya palizón, pero seguro que mereció la pena. Se te ve entusiasmada con el concierto.

Sigue, please...